El KIA Sportage modelo 2011 es totalmente nuevo. Como el anterior, tiene carrocería de todoterreno aunque no está pensado para circular por caminos en mal estado porque su altura libre es escasa (tiene 17 cm frente a los 19,5 cm del modelo anterior). Está disponible con tracción delantera o total, siempre sin reductora.
Me ha agradado mucho. No le he encontrado defectos importantes y, sin destacar en nada, el conjunto me parece satisfactorio. Lo único que he echado en falta son elementos que le den mayor practicidad, como unos asientos traseros deslizables para distribuir el espacio de las plazas traseras o más accesorios para organizar la carga.
Aunque rara vez damos opinión sobre el diseño acertado o no del coche, en este caso lo voy a hacer porque es uno de esos que hacen girar la cabeza a la gente, al menos ahora que acaba de salir al mercado.
Como bien advierte KIA en el manual del coche, el Sportage no está preparado para circular fuera del asfalto más allá de pistas en buen estado. En carretera, no se desenvuelve como un turismo pero reacciona bien en condiciones adversas, es seguro y cómodo.
Tiene un motor Diesel 2.0 CRDi de 136 CV, con tracción delantera o total. Para esta última hay disponible una caja de cambios automática, además de la manual.
Con este motor Diesel de 136 CV es totalmente recomendable: su funcionamiento es mucho más refinado que el de modelos de la competencia como el 2.0 TDi del Volkswagen Tiguan, el 2.0 TDCi del Ford Kuga o el 2.0 dCi del Nissan Qashqai. Gasta poco carburante y, según nuestras mediciones, da una capacidad de aceleración algo peor que las de sus rivales si bien en las recuperaciones en las marchas más largas les mejora.
A finales de año llegarán dos motores nuevos (ya se pueden hacer pedidos). Uno 1.6 GDi (de gasolina) de 140 CV y un 1.7 CRDi VGT (Diesel) de 115 CV.
El Sportage mide 4,44 m de longitud, 1,81 m de anchura y 1,63 m de altura. A pesar de que es más largo, más ancho y más bajo que el modelo anterior el peso no ha aumentado apenas. El Cx ha mejorado —0,37 frente a 0,40—.
El maletero tiene oficialmente una capacidad de 564 litros VDA, 172 litros más que el modelo precedente, que es un volumen muy grande. Nosotros, tanto por las mediciones que hemos hecho como por lo que parece a simple vista, sospechamos que ese volumen incluye el hueco donde va la rueda de repuesto, por lo que el volumen real debe ser menor (es la misma impresión que tuvimos con el Hyundai ix35).
Todas las versiones tienen de serie control de estabilidad, un sistema de ayuda al arranque en rampa («HAC») y asistente para el descenso de pendientes («DBC»), además de un dispositivo, denominado «Rollover Sensor», que activa los airbags laterales y de cortina y los pretensores de los cinturones de seguridad cuando detecta riesgo de vuelco.
Según la versión, puede llevar acceso y arranque sin llave, faros de xenón (que no dan un alumbrado sobresaliente), programador de velocidad, techo panorámico, navegador con pantalla a color de 7 pulgadas, manos libres Bluetooth y órdenes por voz o cámara de visión trasera.
Consideraciones sobre el precio y el coste del seguro
La versión más asequible, la de tracción delantera, cuesta 25.000 €. Son 650 € más que lo que hay que pagar por un Hyundai ix35 equivalente, aunque está compensado porque su equipamiento de serie es mucho más abundante.
Con tracción total es más caro que un Jeep Compass, un Ford Kuga, un Nissan Qashqai o un Suzuki Grand Vitara. Un Toyota RAV 4 tiene un precio parecido.
En el comparador de seguros, y tomando como referencia a un hombre de 40 años, mas de 10 de carné, con buena bonificación, tenemos los siguientes resultados:
Los precios oscilan desde 2.012 € —que es lo que cuesta la póliza a todo riesgo en la compañía Regal, con calidad de póliza 8,94— hasta 251 € —de la póliza a terceros básica con la compañía MMT—. Las diferencias entre una y otra póliza son muy grandes. Por ejemplo, la más barata no dispone de las coberturas de daños propios, robo, incendio, lunas o asistencia en viaje, por citar algunas importantes.
Una buena opción sería asegurarlo a todo riesgo con franquicia. En este caso, la opción mas equilibrada para este coche la da Direct Seguros, con un precio de 470 €, franquicia de 300 € y calidad de póliza de 5,18. Es la póliza mas barata de su categoría y la de mejor relación entre calidad y precio (7,17 puntos)
Otros datos
El Sportage modelo 2011 es la tercera generación de este modelo. La anterior llegó al mercado a finales de 2004, que fue ligeramente actualizado en 2008 y 2009. Comparte ciertos elementos mecánicos y la gama de motores con el Hyundai ix35, al igual que ocurría entre el Sportage anterior y el Hyundai Tucson.
El Sportage tiene algunos rasgos en común con el prototipo Kue Concept que KIA presentó a principios de 2007. Igual que el Hyundai ix35, se fabrica en la factoría que Hyundai-KIA tiene en Zilina (Eslovaquia). Tiene 7 años de garantía.
El habitáculo del KIA Sportage tiene buena presencia. El diseño es agradable, los plásticos que recubren el salpicadero y las puertas parecen mejores que los que están empleando otras marcas —como Honda o Toyota en algunos modelos, en el Insight y el Prius, respectivamente— porque al tocarlos no suenan tan frágiles. No hay piezas que, a simple vista, estén mal ajustadas. La parte superior del salpicadero es blanda al tacto, la tapa de la instrumentación de un plástico duro y liso que se refleja en el parabrisas cuando le da el sol.
Los parasoles tienen una pieza de plástico extensible para que, cuando están colocados junto a la ventanilla, llegue a cubrir todo el largo de la misma; es algo poco habitual. También hay carencias, como que los mandos que están en el techo no estén iluminados; de noche cuesta encontrar el que queremos, por ejemplo para abrir o cerrar el techo practicable.
Este techo de cristal es panorámico. Está formado por dos piezas de cristal de grandes dimensiones. La hoja delantera se puede levantar o desplazar hacia detrás. Cada función tiene su botón; hay un tercero para cerrarlo. Si el techo está abierto y queremos ponerlo en la posición elevada, no sirve pulsar el botón correspondiente: primero hay que pulsar el del cierre y luego el de levantarlo. Para que no entre luz al habitáculo hay dos persianas deslizantes, una para cada porción de cristal.
A mí me gustan mucho este tipo de techos porque me resulta muy agradable la luminosidad que aportan o circular a velocidades bajas con él abierto. Digo bajas porque en el Sportage, a más de 100 km/h el aire hace demasiado ruido.
Las plazas delanteras son buenas. Para mi gusto los pedales quedan demasiado cerca del cuerpo; a mi compañero Enrique Calle, que tiene una estatura menor y más parecida a la media, no le ha sucedido. Si el volante tuviese un ajuste en profundidad mayor, al poder alejar más el asiento del salpicadero, yo habría ido más cómodo y con los muslos mejor apoyados en la banqueta. Esta posibilidad, o mejor dicho, imposibilidad, distingue el puesto de conducción del Sportage del de un Volkswagen Tiguan. El de un Toyota RAV4 me parece peor que el del KIA porque el volante sale de muy abajo y queda más inclinado.
La instrumentación se lee con mucha facilidad —tiene una pantalla central en la que aparecen los datos del ordenador de viaje, con letras y dígitos de tamaño grande—, casi todos los mandos están muy bien colocados —la excepción son los del ordenador. El volante tiene mandos para el programador de velocidad, el equipo de sonido, el teléfono y el de órdenes por voz para manejar algunas funciones de la radio y el navegador.
Tanto el conductor como el pasajero delantero tienen diversos lugares donde dejar objetos. Todos están situados en lugares cómodos de acceder y resultan muy prácticos. La guantera está climatizada. Detrás, hay espacio para un botellín de agua en las puertas y una red en los respaldos delanteros.
Normalmente, los diseñadores hacen cosas bonitas (o no) que en muchas ocasiones influyen negativamente en la practicidad. En las plazas traseras del Sportage ocurre —curiosamente— lo contrario. La forma de la puerta, con el marco superior mucho más largo que el inferior, facilita entrar y salir del coche sin tener que doblar la espalda para no golpearse la cabeza. Eso y que el asiento está más alto que en un turismo también hace mucho más cómoda la colocación de una sillita infantil en las plazas traseras. Al ponerla yo me he encontrado con el inconveniente de que el ángulo que forma el respaldo y la banqueta dificultaban esta acción ya que el respaldo de la silla golpeaba contra el del asiento antes de que las fijaciones Isofix quedasen correctamente ancladas. Me llevo más tiempo del habitual colocarla.
Las plazas traseras ofrecen un espacio similar a las de un Qashqai+2 y son algo más pequeñas que las del RAV4. El suelo es prácticamente liso, sin abultamiento en el medio, por lo que si tienen que viajar tres personas no hay problemas para colocar los pies. De todos modos la plaza central no es cómoda por que el respaldo es duro y convexo. Estas plazas no tienen ningún tipo de regulación. Sí se pueden abatir los respaldos para aumentar el volumen de carga; la superficie que queda no es plana.
Bajo el piso del maletero está la rueda de repuesto. Es loable que KIA haya colocado ahí un neumático exactamente igual que el resto (incluida la llanta, que no es de chapa sino la misma que llevan las otras ruedas). Alrededor de ella y en el hueco interior de la llanta queda mucho espacio para llevar guardadas diversas cosas, como unos cables para arrancar el coche, guantes y cadenas para el invierno.
Aunque en el maletero hay unos ganchos para colocar una red, bien horizontalmente sobre el piso, o bien verticalmente, a modo de saco, lo cierto es que se echan en falta más elementos para transportar la carga, como por ejemplo unos ganchos para bolsas.
El portón del maletero llega hasta la matrícula. En su borde inferior, KIA ha colocado el interruptor para abrirlo. Para llegar a él hay que agacharse un poquito.
No tiene las cualidades dinámicas de un turismo en una carretera de curvas pero el Sportage puede satisfacer a su conductor porque es muy agradable de manejar. La mayor de sus virtudes radica, desde mi punto de vista, en el motor Diesel de cuatro cilindros y 136 CV.
Me parece muy bueno porque en ciudad el motor tiene mucha fuerza desde poco más de 1.200 rpm. Que sea así permite insertar tempranamente marchas largas para gastar menos, disminuye el ruido y hace la conducción más descansada porque no es necesario utilizar el cambio con frecuencia para moverse con agilidad por entre el tráfico urbano.
El punto flaco del motor está en la zona alta. Una vez superadas unas 3.600 rpm le cuesta seguir acelerando. Como normalmente el motor se utiliza a bajo o medio régimen, yo prefiero que funcione así a que lo haga con pereza a bajo régimen (para poner el coche en movimiento) aunque luego lleguen al régimen máximo con mayor facilidad. El cambio de marchas, de seis velocidades, se maneja con mucha suavidad.
Ese funcionamiento queda reflejado en nuestras mediciones. Acelerando es más lento que los modelos comparables a él que hemos probado —como el Ford Kuga o el Volkswagen Tiguan—, mientras que en las recuperaciones los aventaja.
El consumo es bajo. En el recorrido por autovía, a una velocidad media de 121 km/h, gastó 7,4 l/100 km. Por ciudad y alrededores, el consumo oscila alrededor de 9 l/100, en función del tráfico. Los datos anteriores son conduciendo con suavidad y utilizando siempre marchas largas. Si se aprovecha la máxima capacidad de aceleración del coche, como hago en el recorrido por carretera de montaña, el consumo aumenta, en este caso hasta 15,0 l/100 km (a una media de 77 km/h). Es decir, gasta algo menos que un Honda CR-V en el mismo recorrido (150 CV y con cambio automático).
Esas cifras son las que da el ordenador que, curiosamente, indica un consumo mayor que el real. Al final de esta página se pueden ver los errores del velocímetro, del cuentakilómetros y del ordenador.
La suspensión es menos seca que la de un Honda CR-V pero no sujeta la carrocería igual de bien ni hace del Sportage un coche ágil como lo es el Honda. Conduciéndolo a un ritmo rápido, la carrocería cabecea y se balancea de forma evidente por lo que ante los cambios de apoyos bruscos muestra cierta torpeza. Un Kuga o un RAV4 son mejores en este aspecto, aunque tampoco mucho. Tampoco ayuda a mejorar su agilidad que la dirección sea lenta (3,0 vueltas entre topes). En carreteras más rápidas el confort que proporciona me parece bueno.
La visibilidad no es buena ni hacia detrás —la luneta es pequeña— ni en tres cuartos traseros —la forma del pilar trasero oculta un ángulo muy grande—. A mi compañero Enrique Calle le ha parecido que la visibilidad en las curvas muy cerradas es también mala por lo grueso del montante delantero y su inclinación, combinado con el gran tamaño del retrovisor; a mí eso no me ha ocurrido, tal vez porque los ojos me quedan más arriba. Maniobrar con él en lugares pequeños requiere cierta adaptación porque cuesta acostumbrarse a saber con precisión dónde están las esquinas delanteras del coche. La parte trasera es menos problemática, hay sensores de proximidad y, en el caso de la versión más equipada, una cámara trasera; la imagen que proporciona en lugares oscuros, como en un garaje, es algo deficiente por calidad y porque va a saltos.
El Sportage, como KIA advierte en el manual de uso, no es un coche indicado para circular fuera del asfalto más allá de pistas en buen estado. Tiene un sistema de tracción total conectable automáticamente que envía fuerza a las ruedas traseras cuando detecta que las delanteras patinan. También hay un interruptor que fuerza ese acoplamiento —hace que giren solidarias las ruedas delanteras y traseras— si se circula a menos de 40 km/h.
En el recorrido de pruebas que hago con los todoterrenos he tenido problemas para superar la primera rampa. Es una cuesta de tierra y piedras sueltas que, a medio ascenso, tiene una zanja transversal profunda. Cuando los coches llegan ahí, en función del recorrido de la suspensión, alguna rueda queda girando en el aire por lo que tiene que entrar en funcionamiento los sistemas de ayuda a la tracción. Subí tres veces; miento. Llegué a la cima una y las otras dos tuve que bajar marcha atrás porque el Sportage no podía traccionar. No creo que sea un problema del sistema de tracción porque permitía que las ruedas que estaban en contacto con el suelo siguiesen girando, sino más bien de unos neumáticos nada adecuados para el campo que patinaban sobre el suelo.
La vez que conseguí llegar al final de la subida, di la vuelta para bajar con el control de velocidad en descensos. Según ponía en el manual, era capaz de mantener la velocidad del coche en unos 8 km/h. No fue el caso y tuve que frenar yo antes de que se embalase demasiado.
FUENTE: http://www.km77.com/...ge/2011/t01.asp
FECHA: 23-09-2010
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PRUEBA: Sportage (desde 2011)
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